Sabiendo que cada gérmen de vida que Él urdió,
tendrá en Él su fuente y su crepúsculo,
y todo lo que alguna vez vibró
podrá cambiar, más nunca terminar.
Vosotras, hojas muertas, cayendo suave en la brisa,
Vosotros, finos musgos y líquenes grises;
cerrad los ojos en vuestras tumbas
pues también la vida habita allí.
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